Lo extrañamente bonito de no caminar
La llovizna era pertinaz, paraguas en mano y mochila al hombro, una noche de tantas, caminaba por las calles que se iluminaban con sus luces de neón, el destino eran mis clases nocturnas. No sé qué era más agradable, caminar solitario hurgando vitrinas de almacenes ya cerrados o salir de clases abrazado con mi chica bajo el dichoso paraguas.Leer más »Lo extrañamente bonito de no caminar









