Cuando un jefe se va

Era finales de 2009, tras la muerte de mi hijo y el robo que me habían hecho en mi casa, yo me había armado de valor para continuar viviendo, ahora totalmente solo.

Aunque afortunadamente había trabajado ya formalmente, en ese preciso momento trabajaba por trato, freelance, y ello tiene la inconveniencia que tu paga no esté nunca segura. A pesar de tratar de ocupar mi mente con el trabajo, por momentos mis pensamientos me traicionaban y me llenaba de tristeza, una de las buenas cosas de la soledad es que puedes llorar sin que nadie te vea, quizá y hasta a nadie le interese.

Pero una de esas mañanas frías, silenciosas, un aviso de un correo me cambió el chip. Era el Ingeniero H. B., quien me decía que si me interesaba trabajar la web y redes de una empresa tecnológica, que sabía de mi capacidad por lo que hacia en línea y que me contrataría si aceptaba.

Asi nos conocimos

Yo releía el mail, no sé ni cuantas veces lo hice, y también solté las de cocodrilo, agradecía a Dios la oportunidad, pero siempre he creído que mi nene tuvo que ver en algo, llámenme loco, pero yo así lo creo. Aquella navidad él me dio una muestra de su gran corazón, me dijo que sabía de una obra social que hacíamos (Paseo Navideño Asodispro) y se ofreció como voluntario para llevar en su auto a algún invitado que no pudiese costear el viaje. Así lo hizo muchas navidades, él no permanecía en el evento, solo hacia el voluntariado de traslado.

Cierta vez una querida amiga con discapacidad se operó, y él sabiendo de nuestro cariño, al contárselo, él se ofreció para llevarla al sanatorio. Aunque era súper exigente, nunca titubeo en regañarme en cosas del trabajo. Los fines de semana me daba las llaves de las oficinas de la empresa, esto para que yo hiciese juntas de las organizaciones de personas con discapacidad.

En Septiembre conseguimos una donación fuerte de pañales desechables para adultos, él tuvo la iniciativa de ayudarme para trasladarlos a casa de un voluntario. Cuando le compartí la lista de los beneficiados me regañó, me dijo que él pensaba que yo me quedaría con algunos paquetes, que no pensara solo en los demás pues él sabía que yo también usaba, yo nomas me sonreí.

Se parecía a mí en lo adicto al trabajo, si no estaba trabajando estaba estudiando, era todo un caballero en los negocios. En julio lanzamos nuestra última campaña junto al gigante Microsoft.

A principios de septiembre le pedí una entrevista para un seminario de inclusión laboral, la idea era que contase que significaba para él tenerme en su equipo de trabajo, en la grabación le dijo a las entrevistadora que yo le había dado más a la empresa de lo que ella me daba a mí.

A comienzos de noviembre enfermó, y el 23 de noviembre viajó al encuentro del Señor. Le he llorado como a un padre, no sé cómo llegó a tener tanta confianza y fe en mí, nunca nadie me había hecho sentir tan capaz.

Él leía este blog, y de aquí se enteraba de mis andanzas y decidía unirse a alguna causa. Me calificaba de “soñador”. Fue un visionario del Home Office. A veces charlábamos como cuates, de nuestra música, de nuestras vidas.

Han pasado 10 años desde aquel mail, de conocer a un profesional en todo el sentido de la palabra, adiós mi querido ingeniero, dígale a mi hijo que misión cumplida, yo jamás lo olvidaré ni dejaré de agradecer la inmensa fortuna de haber trabajado a su lado.

De Byron Pernilla

*Por esto me ausente unas  semanas, pero reinicio mis publicaciones semanales.

2 comentarios en «Cuando un jefe se va»

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