Si tuvieses solo un disparo

auuEs aquella colonia que por tener calles de tierra y no tener drenajes, se conoce como “Zona Roja”, o sea, no te llevan pizza a tu casa. El último repartidor que entró, salió sin moto.

Es de madrugada, en la oscuridad profunda de ese cuarto, se oye gente pasar por la calle, el murmullo denota personas presurosas al trabajo, el presagio que el amanecer está cerca, por fin terminará esa noche de pesadilla sin dormir, y es que estar despierto es la pesadilla. En la pequeña ventana finalmente el sol sale e ilumina esa estancia, tan lento como ayer, tan triste como siempre. Y a esperar, si, esperar que se desocupe para ayudarme, y es que mucho hace con soportarme, pues le escuché decir: “Él es mi cruz”.

Después del desayuno quedo solo, me dejan de compañía una tele, lástima que la gente que sale, tan guapa y tan amable, siempre me saludad igual todos los días y me invitan a ver sus vidas perfectas, tan es así, que también he llegado a pensar que es cierto que quizá yo estoy pagando algo malo que hicieron mis padres, esto según una vecina.

Un tío me regaló un teléfono que ya no usaría pues la empresa le dio uno moderno. Ahí he sabido lo que es Internet, se trata de Facebook, cuando me regalan una tarjeta puedo ver lo que la gente habla (cuando se puede una vez al mes). He logrado hablar con más de alguien, pero cuando me preguntan sobre mi correo me da vergüenza decir que no tengo, pues ni lo conozco.

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Estudié la primaria, lástima que solo escuelas de esas hay en mi colonia, para seguir había que ir lejos, tomar el bus ¿Y quién tiene tiempo para llevarme? Como sucedió con mi rehabilitación, dicen en la tele que es gratis, pero cuando fuimos dijeron que ya no había caso, que ya no soy niño y si quiero que me hagan ejercicios, tienen que hacerme “estudios socioeconómicos” para asegurarse que soy tan pobre que merezca que me cobren “solo algo simbólico”. ¿Qué tiempo tendría mi gente de ese proceso, si andan viendo como ganan plata para comer y para darme a mí?

Por eso estoy aquí, tan solo y atrapado. Por más que quisiera ayudar no puedo, no porque no quiera, sino porque no sé cómo, y no sé con qué. Y pensando, sentado en mi vieja silla de ruedas, ya cayó de nuevo la noche, y veré otra vez esos fantasmas, esos que no me dejan dormir, los que solo yo veo. Y amanecerá, será la de nunca acabar, aunque yo no quisiera siquiera despertar.

Fin

Este es un escrito basado en una entrevista que realicé. Esta es mi gente, de ahí vengo, de donde no hay “coffee break”, tampoco niños bien con discapacidad jugando a héroes; pero si hay políticos embaucadores que te regalan sillas de ruedas para una buena selfiee. A veces no hay palabras que conforten, no existen; por ello es mejor llevar oportunidades e invitarlos a intentarlo. Y créanme, muchos han tomado esa pequeña luz y comenzaron a vivir.

Esta semana, frente a un grupo se me ocurrió esta loca analogía de una rola al intentar animar: El mensaje es claro, “Piérdete en la música”, es sumergirte en tu talento, hacerlo a pesar del miedo, del que infunden la superficialidad perfecta. Muchos se sientan a discutir cómo resolver la pobreza, la cual conocen en teoría, y sus estadísticas les arrojan la “necesidad” de esos fríos números, los cuales ni siquiera son la mitad de los que sufren. Y es que una bolsa solidaria no compra pañales, ni los pañales absorben sufrimiento, pero se necesitan, tanto como un abrazo consolador de aquel que te lleva esperanza, pues cree en ti, ya que todos podemos ser lo que nuestra mente quiera, nada más necesitamos oportunidad.

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Byron Pernilla

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