Los súper amigos

Siempre he admirado a personas con discapacidad que logran una vida convencional, o sea, un trabajo, fundar una familia y poseer un noble corazón; los aprecio más que algunos de  los famosos, que tienen su merito, pero es más fácil escalar montañas, ser campeón deportivo, político o artista, que dar lo poco que se tiene, lograr una vida plena y ayudar al desafortunado desde el anonimato.

Después de fundar un hogar, 11años, no tuve amigos con discapacidad, mi núcleo de amigos ni siquiera se relacionaba con discapacidad. Todo cambió cuando me separé, entonces vinieron a mi vida personas que me enseñarían que existimos muchos locos soñadores en ruedas. Es un grupo lindo de cuates que nos reunimos a celebrar más o menos desde hace 12 años 3 veces al año, semana santa, cumpleaños y navidad. Quiero escribir sobre dos de ellos, de quienes aprendí más de lo que ellos dicen que aprendieron de mí.

Raúl

Ya alguna vez lo mencioné, uno de mis amigos, a quien nombraré *Raúl, es un tipazo, no habla mucho pero estudia cada palabra que dice. Saliendo de la adolescencia una bala perdida le provocó paraplejia, su madre era una persona ciega y entonces no contaba con padre.

Teniendo escasa escolaridad, aquel chavo no se dejó. A los meses de su salida del hospital se puso a vender en la calle, vendía de todo, pero hubo un producto que fue el más aceptado por sus clientes. Raúl entonces llamó a otros colegas en silla de ruedas para que le ayudaran a vender, financiando la compra del producto y quedándose con una escasa comisión. – La ambigüedad es para preservar el anonimato-

Mi amigo la hizo. No es millonario, ni famoso o de aquellos que protestan por los derechos, pero financia su vida, ayuda a su madre y hasta pagó estudios de un hermano. Anda en un carro que adaptó. Le conocimos varias novias, pero ubo una de la que no escapó y ante nuestros ojos vimos año a año cómo lo perdia,mos jaja hasta verlos hoy con 2 niños compartiendo un gogar.

El Señor

Este es el culpable de nuestras reuniones. Hace años yo llamaba a las radios a los programas de compras, ventas, Etc. Ofrecía mis servicios desde mi casa pues refería que no podía salir a trabajar por limitaciones físicas. El *Señor me llamó un día, me dijo que él estaba en silla de ruedas y que quería ser mi amigo. Me sorprendió y tuve mis reservas pues era raro para mí el que alguien llamara para ofrecer amistad. De vez en cuando me llamaba y me contaba que llevaba ya muchos años de casado, que desde joven padeció una enfermedad que poco a poco lo dejó sin poder caminar, pero igual se ganaba la vida vendiendo algunas cosas.

Un buen día nos conocimos, yo llegué al extinto 4 Grados Norte, ahí expuse unas pinturas y él expuso esculturas. Conoció a mi hijo, y yo a su esposa, ella una persona maravillosa; mientras mi hijo y él se hicieron grandes cuates. Aquel amigo (el primero que yo tuve con discapacidad) nos invitó a su casa un día feriado, y desde entonces es un lugar al que tengo que ir en fechas especiales para sentir amistad de la buena.

La esposa del Señor contó como él cierta vez hospedó a un indigente salvadoreño con SIDA, esto aun en contra de la opinión familiar. Todo comenzó cuando la persona llegó a dormir a una acera cercana a su casa, él empezó a llevarle comida hasta que le vió tan mal que lo invitó a vivir en el corredor de su casa, no tenia más habitaciones.

Tras ayudarlo por semanas,  realizó los trámites en la embajada, y aunque por estar en silla de ruedas  no le ponían mucho coco, que logró la repatriación de aquella persona. Y así como esto, hay tantas historias de él, de su gran corazón. He de agregar que todos los que nos reunimos nos conocimos por su bendita manía de hacer amigos…haaa y me presentó a mi primera novia después de mi separación.

Cierta vez nos reunimos en el Centro Histórico, cómo yo no encontré quien me acompañara y he sido un loco impulsivo, me fui solo en taxi. Aquellos tampoco llevaron a nadie sin discapacidad, por lo que para dar una vuelta por el parque e ir a comer, se turnaron para ponerse tras de mi para empujar la silla. Siendo yo el más inútil, reafirmaron mi creencia que no necesitas estar sin discapacidad o tener dinero para hacer feliz a otro.

La evolución

Son ya 2 personas las que ya no nos acompañarán, mi hijo y uno de los camaradas ya nos esperan en la eternidad. Los años han pasado y ahora ya no hablamos de sueños o discapacidad, ahora hablamos de negocios, parejas, futbol y nuestro tema recurente: filosofar sobre ideologías políticas y religiosas.

No hay nada como estar con personas cuyas vidas no apelan a la discapacidad (aunque los afecte), sino son vidas tan comúnes, que nadie se da cuenta de lo excepcinal que son, pues dan esperanza a quien tiene la fortuna de cruzarse en su camino.

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De Byron Pernilla para

*nombre ficticio

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