Cuando afectas la vida de otros

Cundo vas camino a un hospital piensas en que todo se resolverá, que sufrirás un poco pero que no debe pasar a más. Claro, hay quienes lo hacen pidiendo ayuda celestial. En mi caso, con 29 años sentado en una silla de ruedas, solo vas pensando en el testamento. ¡Es cierto!

Tratando una infección estomacal, de pronto surgió una hemorragia en otro órgano; siendo casi fin de mes, estaba como venezolano promedio: sin un quinto. Sintiéndome atrapado, acudí a uno de mis mejores amigos, el que me aconsejó llamar a la doctora antes de cualquier cosa. La Doc. me aconsejó salir de volada a la emergencia de un hospital.

Colgué y en medio de fiebres pensaba como mover mis finanzas para no afectar a otros, pues pensaba que lo que tenía era grave. Sumido en eso, me llaman y dicen que en camino va un Uber, y qué, para el hospital van ya otros amigos. Hice de tripas corazón, otra vez, y me fui solo, otra vez.

Como no me es muy habitual acudir a un doctor, a no ser por las benditas gripes mal cuidadas, enfrentar otros quebrantos me hace pensar lo peor. Iba pensando que a estas alturas de mi vida, aunque no estaba en el lugar previsto por mis ideales, lo que tenía era debido a mis, a veces, obstinados principios, uno de ellos y el más culpable: -No dejar que alguien sufra, si en mis manos está.-

-Suena pretencioso y eso lo sé, pero no hay más explicación.- Pensaba en plena hora pico nocturna. Y entonces llegó ese pensamiento al que huyo: -Si tan solo hubiera hecho otra cosa y pensado solo en mí.- -Qué lindo ser reconocido por mi nombre en cada creación y sentirme héroe dando lo que me sobraba.-  -Ha y la lástima, cómo la desperdicié.-

Haaa con esos pensamientos de perdedor. Es como esa obscuridad que te dice que te arrepientas de lo poco bueno que hiciste. Mientras tanto el tipo del Uber trataba de sacar conversación, pero yo le decía sí o no, hasta que se dio cuenta que iba fregado.

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Al llegar al hospital ya había alguien esperándome, él me ayudó a realizar los procesos en aquel lugar. Mis pensamientos hicieron que yo le recordara a mi amigo el caso del padre anciano cuya hija con discapacidad apoyamos en la organización. El señor un día, tras una visita, nos dijo sincerándose: “Yo tuve la oportunidad de robar, no lo hice, ahora estoy grande y pobre.” Claro, mi cuate me dijo que lo que el anciano había hecho era construir su vida eterna. –Vaya vida, si aquí la necesitamos.- pensé ya un cacho sacado de honda. Llegando casi a una conclusión: -Quizá me equivoque de país.-

Sí, el malestar me hacía pensar que al llegar mis resultados, me harían conteo regresivo. Estaba como enfadado por no tener las oportunidades desperdiciadas, como aquella dueña de una hermosa sonrisa, que cundo me insinué me mandó por un tubo, esa que cuando quiso ya no pude, y que ahora es solo un sueño recurrente.

Pensé a quien le iba a dejar mis “propiedades” o las «fabulosas» cuentas bancarias, en serio hice una lista y me preparé, siempre un tanto molesto por los proyectos que aun desarrollo y no terminan de cuajar. Y ya pensando que mejor alguien me disparara por lo lento de la atención, llegó un doctor y me dijo que simplemente era otra infección.

Con receta en mano salí pensando de donde sacaría la plata, que era mucha, pues aún estaba crudo algún depósito. Mis pensamientos cambiaron, ahora debía aguantar la infección por lo menos esa noche, al otro día vería.

Bajando la rampa del lugar venia agradeciendo a Dios que había sido un susto, y de pronto entre esas luces amarillentas de la calle, de esa casi media noche, aparecieron algunos amigos que hacían guardia, esperando mis resultados. Se me hizo un nudo la garganta. Pero fueron más lejos, pasaron comprando la medicina. Un par de chicas y varios chicos lo hicieron realidad; y de vuelta a casa en el carro, las llamadas no cesaban preguntando como estaba.

El mensaje

Esa larga madrugada, me puse a ver ¡Qué bello es vivir! (It’s a Wonderful Life) Una película en blanco y negro de mediados del siglo pasado. Un tipo lo tiene todo para triunfar si sale de su pueblo, pero siempre que lo intenta hacer algo sucede. Primero fallece su padre y sin él, mucha gente necesitada se quedaría sin casa, por lo que se queda, y así, siempre sucede algo por lo cual él no sale pues le enseñaron responsabilidad y a pensar en los más necesitados.

Al final pierden un dinero y él se quiere suicidar al recordar que todo lo dio sin pedir nada. Un ser celestial se le presenta y le concede un deseo. Él pide no haber nacido. Al concedérsele presencia como sería un mundo sin él. Algunos mueren temprano, otros son personas malas y muchas otras que vivian más o menos bien, ahora son muy pobres.

Al darse cuenta de la influencia que tuvo en las personas, él pide vivir y regresa celebrando con los suyos la Navidad, esto a pesar de que lo encarcelaran. Entonces aparecen sus amigos, así como personas agradecidas y lo sacan del problema.

Yo no soy como el personaje, de parecerme sería una mala versión. Pero verla fue un regalo inesperado, pues hace conciencia de que no todo es un fracaso cuando nos guiamos por principios. Lo que he vivido, y mis condenados amigos, son los culpables de mis raras decisiones. Una de las grandes bendiciones de mi vida fue no dar lástima, lo pedí, ofrecí trabajo a cambió, y me lo concedieron. Dios me puso donde debía, y el ultimo pensamiento de ese film me lo susurró: “Ningún hombre es pobre si tiene amigos.” Necesite pañuelos.

De Byron Pernilla

¡Qué bello es vivir! (It’s a Wonderful Life) el American Film Institute la califica cómo una de las 100 mejores películas estadounidenses de la historia, en el puesto 11. La encuentra en Netflix.

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