Noelia Castillo es hoy el centro de la polémica, algunos a favor y otros en contra de una decisión que solo a ella le correspondía, pero quienes más ruido hacen son los que odian no controlar la voluntad de otro ser humano, los arrogantes que creen que su manera de pensar y ser feliz es la única correcta. 
Mentiras virales
Lo primero que muchos piensan es, “debió ser tratada” a parte de los que se rasgan las vestiduras. Las mentiras esparcidas, incluso por medios serios, tiene objetivos políticos y otros el puro interés de dinero a través de vistas. Principales mentiras:
MENTIRA: No fue tratada y es depresión
VERDAD: Según un artículo de RTV, Noelia debió vivir con su padre alcohólico, quien la hacía acompañarla a los bares hasta entrada la madrugada. No es mi objetivo culpabilizar al padre, sino informar que fue entonces que Noelia comenzó con enfermedades mentales que la acompañaron desde los 13 años, iniciando su primer tratamiento psiquiátrico. A los diagnósticos médicos fueron Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC) y Trastorno Límite de la Personalidad (TLP).
MENTIRA: Violación en tumultuaria por menores extranjeros.
VERDAD: Según sus propias palabras, Noelia habló de tres intentos de agresión sexual sin mencionar ciudadanías: uno por una expareja, otro por «dos chicos» en una discoteca y un tercero (el más grave): tres chicos a la vez la agredieron sexualmente tres o cuatro días antes de su intento de suicidio el 4 de octubre de 2022. Nunca hubo violación en centros sociales españoles y no fueron migrantes, estos últimos el objetivo favorito de los xenófobos. El ente español DGPPIA indicó que «es inexistente algún incidente de agresión sexual registrado» durante su estancia en centros hasta 2019.
MENTIRA: Es solo mental.
VERDAD: Distintas sentencias recalcaron: «todos» los médicos coincidieron en que sufría un «padecimiento grave, crónico e imposibilitante», causado por una lesión de médula espinal lumbar que le provocaba dolor neuropático y dependencia. El dolor neuropático suele ser muy severo y dependiendo de la persona y circunstancias, insoportable.
MENTIRA: No estaba consciente de lo que pedía.
MENTIRA: Presión debido a que habían comprometido sus órganos.
VERDAD: La magistrada de un juzgado de Barcelona determinó que médicos, psicólogos y psiquiatras concluyeron que su patología psiquiátrica no condicionaba «su capacidad para tomar decisiones».
Noelia no quiso ser ejemplo de nadie.
Para la mayoría del mundo actual, envuelto en las apariencias de redes sociales, es una locura no ser viral, amarían el que se les calificara de “ejemplo”, un sueño de políticos, influencers, PCD, Etc.
¿Pero entonces, están mal de la cabeza quienes piden eutanasia? ¡Claro! Pero no ese estereotipo de enfermedad mental que no te deja ver la realidad. Los juegos aterradores a los que te somete la mente tras un evento postraumático son indescriptibles, y te hacen sufrir cada día, en cuerpo y mente, y nadie lo puede ver. La historia de Noelia es horrible y su desenlace fue cómo ella quiso; fue una valiente. Como Ramón San Pedro tampoco quería ser ejemplo de nadie, el marketing les Valia un pepino.
Como un cristiano, no soy quién para condenar a Noelia, ahora lo hará quién debe; a mí me resta pedir por su descanso. Como tetrapléjico comprendo la tortura mental y psicológica que de traen los accidentes neurológicos, y sé que no todos podrían con esto. Como liberal, creo en el derecho individual, en la libertad de elegir un camino.
Esta sentencia fue lo que encolerizo a la extrema derecha y religiosa: “Tras 2 años convenció a los jueces del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, del Tribunal Supremo y del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de que su vida le pertenecía únicamente a ella”.
Para algunos será para reflexionar, para otros solo reafirma nuestras convicciones, las cuales no se moverán con mentiras y opiniones perversas. Son respetables las opiniones genuinas contra la eutanasia, ese mismo respeto que se merecen quienes toman la decisión.
Un artículo de Byron Pernilla
Fuentes de:
Excelsior de México
RTV España
Inspirado en Ramón Sampedro, escribí este artículo hace 15 años, en él hablo íntimamente de la eutanasia:
